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¿Qué tiene de malo mi logo?

El diseño es algo difícil de cuantificar, por eso muchas veces no somos conscientes de que la imagen que nos acompaña no es la adecuada. Sin embargo, cuando damos en el clavo, “mágicamente” parece que nuestra marca comienza a repuntar en algunas facetas. Si hacemos el ejercicio mental de sustituir marcas por personas entenderemos mejor de qué estamos hablando. Cuando conocemos a alguien por primera vez, en lo primero que nos fijamos es en su apariencia. Si es agradable, si parece ser el tipo de persona con la que conectaremos en cuanto a forma de pensar, intereses, etc… Y como todos sabemos, si alguien no pasa el filtro de la primera impresión, difícilmente conseguirá que alguien se le acerque, o que se le acerque el tipo de persona que está buscando.

Tu logotipo es la 1ª impresión que hace que alguien crea (o no) que merece la pena conocerte. Clic para tuitear

Así pues, el error más común a la hora de dar vida a un logotipo es guiarse por gustos personales. Si bien es cierto que nuestro logotipo como símbolo de identidad debe identificarnos, es un reclamo para nuestros clientes potenciales, por lo que debemos alinearlo con sus gustos y entendimiento. Es decir, crear una imagen que les resulte atractiva y que a la vez la perciban como adecuada a la actividad o productos que ofrecemos. Además, en términos generales, tener una buena identidad gráfica es un síntoma de que nos tomamos en serio nuestra marca, de que nos preocupamos por los detalles y, en definitiva, trasladamos una impresión al público de profesionalidad y confianza.

Los 5 ingredientes del logotipo 10

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Estos son algunos ejemplos en la red de cómo un logotipo creativo es capaz de captar más rápido la atención y crear un mayor impacto.

Identificativo
Debe ser acorde a nuestra actividad y/o personalidad de marca. Por ejemplo: Una tipografía informal puede funcionar bien para un negocio dedicado al público infantil, pero no para una asesoría de seguros. O si nuestro negocio tiene que ver con el relax elegiremos nuestra gama de tonos entre la serenidad de los azules, verdes o incluso morados, pero jamás apostaremos por la estridencia del rojo, el naranja o el amarillo.

Sintético
La máxima de Mies Van der Rohe de “Menos es más” tiene su máxima aplicación en diseño. Tu logotipo va a emplearse en todo tipo de soportes y formatos, tanto físicos como digitales. El tiempo del que dispone el público para verlo o la distancia a que lo hará en el caso de publicidad exterior o móvil nos obliga a buscar un concepto que se capte al instante y que se pueda reconocer y leer en la mayoría de contextos posibles.

Coherente
El logotipo no es un ente autónomo y aislado. Debe existir una línea coherente con todos los demás elementos de imagen de la empresa. Colores, tipografías, proporciones de tamaño o estilo estético son elementos que deben ir acordes tanto en tu publicidad como en la decoración de tu local, los uniformes de tus empleados, los vehículos de empresa o tu presencia en la red. Esta necesidad se recoge en un documento conocido como “Manual de identidad corporativa”, que el estudio de diseño realiza a petición de la marca con sus necesidades personalizadas. Puede integrar desde sólo la papelería básica (tarjetas, sobre, hoja de carta) hasta un diseño de maqueta básica para todo tipo de formatos: packaging, uniformes, vehículos, señalética…

Diferencial
Aunque nuestra cultura visual guía en cierto modo nuestra elección de ciertos elementos como el color, esto no quiere decir que los logotipos de las empresas de un mismo sector deban convertirse en primos hermanos. El diseño de nuestra identidad gráfica debe ser único y reconocible; cualquier parecido, puede resultar confuso para nuestro público y hacernos perder oportunidades a diario. El rojo CocaCola, la “M” de MacDonalds, el toro de Osborne o el triángulo verde de El Corte Inglés son elementos que al instante nos remiten a sus marcas. Cuando esa diferencia llega a su punto máximo la propia marca puede ser en sí un producto de consumo, como ha ocurrido con la citada CocaCola, u otras marcas como Ferrari o ChupaChups.

Creativo
Aquí reside la diferencia entre dar una buena impresión o ir más allá y dejar huella haciéndote un hueco en la short list mental de tu consumidor. Ese “jenesaisquoi” de las marcas puede nacer del propio nombre, de la morfología de nuestro producto, de la ubicación de nuestra empresa… Un diseñador profesional te ayudará a encontrar ese elemento especial con el que destacar no sólo entre tu competencia, sino en el mercado en general, cautivando a tu público y demostrándole definitivamente que tu empresa es única.

Sé profesional

Si necesitas un logotipo de nueva creación para tu marca o un restyling de la actual te recomendamos que acudas a profesionales. La marca es el paraguas de toda la vida de tu empresa y si ella falla, todo lo demás caerá como un castillo de naipes. Un profesional formado específicamente en diseño te dará la mejor asesoría en cuanto al nombre de marca, uso o no de tagline, elección de Pantones corporativos, tipografías y composición, teniendo en cuenta cómo responderá con cada material de reproducción y soporte de aplicación que necesite tu marca, garantizándote que obtendrás siempre un mismo y óptimo resultado. Tomarse las cosas en serio es el primer paso para que tus potenciales clientes te tomen también en serio.